Por qué la señal se debilita de un ambiente a otro
La señal WiFi es una onda de radio: pierde potencia con cada obstáculo que atraviesa, y no todos los materiales la frenan igual. Un tabique de durlock casi no la afecta; una pared de ladrillo macizo, una losa de hormigón o una puerta blindada se llevan buena parte de la emisión. El agua también absorbe la señal, así que un tanque o un termotanque en el medio del recorrido pesa más de lo que parece. Y en la banda de 2.4 GHz compiten el microondas y los teléfonos inalámbricos, que emiten en frecuencias vecinas. Por eso dos ambientes que están a la misma distancia del módem pueden medir velocidades bastante distintas.
El segundo factor es el entorno. En edificios y zonas densas conviven muchas redes vecinas sobre los pocos canales que tiene la banda de 2.4 GHz, y esa superposición se traduce en microcortes y latencia irregular. La banda de 5 GHz está mucho menos poblada y resuelve buena parte del problema dentro de un mismo ambiente. Si el rendimiento cae siempre a la misma hora, conviene medir en ese momento con un equipo conectado por cable al módem: si por cable la velocidad se mantiene, el problema está en el aire de la casa; si también baja, no es el WiFi y corresponde revisar el servicio.
















