Qué viaja por la fibra: luz, no corriente eléctrica
La fibra óptica es un hilo de vidrio de alta pureza, más fino que un cabello, por el que viaja un haz de luz que rebota contra las paredes internas del hilo hasta llegar al otro extremo. Como la información se transporta en pulsos luminosos y no en señales eléctricas, el cable no genera ni recibe campos electromagnéticos. Por eso un motor, un transformador cercano o una tormenta eléctrica no alteran lo que circula adentro.
El coaxial, en cambio, transporta corriente modulada por conductores de cobre, y esa señal se debilita con la distancia y con la temperatura. Para compensarlo, las redes de cable necesitan amplificadores intermedios repartidos por el recorrido. La fibra recorre decenas de kilómetros sin ese refuerzo y con una atenuación mínima de la señal. La sigla FTTH, Fiber To The Home, distingue esta arquitectura de los esquemas híbridos como el HFC, donde el vidrio llega hasta un nodo y el último tramo se completa en cobre: en FTTH el mismo hilo que sale de la central termina sobre el equipo instalado en la vivienda, sin conversión intermedia.
















